Ofrenda de Día de Muertos con flores de cempasúchil, veladoras y papel picado

Día de Muertos y Fieles Difuntos: ¿qué se celebra y por qué es tendencia?

#DíaDeMuertos es tendencia en X en México porque este lunes 2 de noviembre se conmemora el Día de los Fieles Difuntos, la fecha central de una de las tradiciones más importantes del país. Millones de familias visitan panteones, levantan ofrendas y recuerdan a sus seres queridos fallecidos con flores de cempasúchil, veladoras, pan de muerto y los platillos que más disfrutaban en vida.

¿Qué se celebra el 2 de noviembre?

En el calendario católico, el 1 de noviembre es el Día de Todos los Santos y el 2 de noviembre es el Día de los Fieles Difuntos. Según explica el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), esta segunda fecha se dedicó en la Europa medieval a orar por las almas de quienes murieron sin alcanzar todavía el cielo, para ayudarlas con oraciones, misas y súplicas de los vivos.

En la tradición popular mexicana, el reparto es más sencillo: el 1 de noviembre se recuerda sobre todo a los niños fallecidos, a quienes en muchas comunidades llaman “angelitos”, y el 2 de noviembre se dedica a los adultos, de acuerdo con Euronews. Por eso, este lunes es el día en que más gente acude a los cementerios para limpiar y adornar las tumbas, y en algunos lugares las familias se quedan a compartir alimentos y música junto a sus difuntos.

Tumbas adornadas con flores y veladoras en el panteón de San Andrés Mixquic durante el Día de Muertos
Panteón de San Andrés Mixquic, en Tláhuac, uno de los sitios más visitados durante el Día de Muertos. Foto: Jordi Cueto-Felgueroso Arocha / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0

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¿De dónde viene la tradición?

Existe la idea muy extendida de que el Día de Muertos es una fiesta totalmente prehispánica, pero el INAH matiza esa versión. Las fechas del 1 y 2 de noviembre llegaron a México en el siglo XVI con los frailes franciscanos, poco después de la conquista. Ya entre 1535 y 1540, el cronista fray Toribio de Benavente, “Motolinía”, describió que en casi todos los pueblos indígenas se daban ofrendas de maíz, mantas, pan, gallinas y cacao por los difuntos.

Con el tiempo, esas fechas católicas se mezclaron con costumbres de los pueblos originarios, que hacían celebraciones para sus muertos en otoño, después de las cosechas. El INAH explica que de la parte mesoamericana se conservaron la creencia de que el alma de los difuntos regresa por un tiempo corto, y el uso de la flor de cempasúchil, el maíz y el copal. De la parte europea llegaron las velas, el incienso, las imágenes de santos y la cruz.

Esa mezcla es la que hoy se reconoce en todo el mundo. En 2008, la UNESCO inscribió “las fiestas indígenas dedicadas a los muertos” de México en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, lo que ayudó a proyectar la celebración fuera del país.

Calavera decorada sobre una ofrenda rodeada de flores de cempasúchil
Calavera y flores de cempasúchil en una ofrenda. Foto: Luisroj96 / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0

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¿Qué lleva una ofrenda?

No hay una sola forma de poner un altar, porque cada región y cada familia tiene sus costumbres. Aun así, hay elementos que se repiten: la fotografía del ser querido, veladoras para guiar su camino, agua para calmar la sed después del viaje, flores de cempasúchil, papel picado, pan de muerto, calaveritas de azúcar y la comida y bebida favoritas del difunto. Según La Nación, algunas familias también colocan objetos personales que les recuerdan momentos compartidos.

¿Por qué es tendencia?

Cada año, el 2 de noviembre las redes se llenan de fotos de ofrendas, visitas al panteón y mensajes dedicados a familiares que ya partieron. Para muchos usuarios es una forma de compartir su duelo de manera colectiva y, al mismo tiempo, de presumir una tradición que se ha vuelto símbolo de identidad. También son días de mucha actividad turística en lugares como Mixquic, en la Ciudad de México, Pátzcuaro y Janitzio, en Michoacán, y Oaxaca, donde las celebraciones atraen a visitantes nacionales y extranjeros.

Este año la fecha también tuvo un tono de memoria social. Varias ofrendas públicas y marchas recordaron a personas cuya muerte marcó la conversación nacional, como Carlos Manzo, presidente municipal de Uruapan asesinado hace un año. Así, el Día de Muertos volvió a mostrar que en México recordar a los que ya no están también es una forma de exigir que no se olvide su historia.

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¿Qué sigue?

Tras el 2 de noviembre, la mayoría de las familias levanta la ofrenda y comparte la comida que quedó, una costumbre conocida en muchas regiones como “la repartición”. Los adornos de cempasúchil y las ofrendas monumentales en plazas públicas suelen permanecer unos días más, así que todavía hay tiempo de visitarlas. Después de esta fecha, la temporada cambia de ritmo y muchas ciudades empiezan a preparar los festejos de fin de año.

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Fuentes

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